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SAN CERNIN

30 de junio

reportajes

Jairo, el capellán de las etiquetas imposibles

Ex jugador de béisbol, aficionado al ciclismo y enamorado de los coches. Así es el nuevo capellán de San Cernin.

Jairo Díaz Aizpún, capellán de San Cernin.

La mente humana suele poner etiquetas con mucha facilidad. Es nuestra forma de organizar a las personas, de colocarlas en un sitio o en otro según sus rasgos más sobresalientes. Con Jairo Díaz Aizpún eso de las etiquetas resulta difícil. Si les digo que es un enamorado del ciclismo y que suele ir al colegio en su moderna bicicleta plegable quizá crean que hablamos de un alumno. Si les digo que también es un apasionado del motor y que otras veces prefiere ir en su coche perfectamente cuidado y tuneado, quizá piensen en un profesor recién llegado al centro. Pero no, su puesto de trabajo no está en las aulas ni en el patio, sino en la capilla. Jairo es, desde el pasado uno de enero, el nuevo capellán de San Cernin y, en consecuencia, también de nuestro club.

"El colegio se puso en contacto con el Arzobispado cuando se jubiló el anterior capellán y me eligieron a mí. Yo no tenía experiencia en colegios, pero así son los nombramientos, hay una necesidad y se busca alguien que la pueda cubrir", explica el propio Jairo con la ilusión de un recién llegado. "Me gustaría ser cercano, muy cercano. Una persona con la que se pueda contar para cualquier cosa", asegura.

Del béisbol al mundo del motor

Hijo de un camionero y una mujer trabajadora, Jairo es el mayor de tres hermanos (dos chicos y una chica). Pasó casi toda su infancia en la Chantrea y estudió en Irabia, donde formó parte del equipo de béisbol. "Mi padre era camionero y murió muy joven, pero mis padres nos supieron trasmitir la fe con sencillez. Tuvimos algunas vivencias un poco difíciles cuando mi madre se quedó viuda, pero ha sabido tirar de nosotros para adelante", explica. Precisamente de la profesión de su padre asegura que le viene esa enorme afición al motor. Le gustan las carreras de coches, cuidar y arreglar el suyo y también es miembro de un club que los sábados organiza carreras de coches de radiocontrol. "La gente alucina cuando ve un sacerdote en una quedada de esas que se organizan a través de los foros y cuando te bajas del coche tuneado. Pero después se dan cuenta de que un sacerdote, un cristiano al fin y al cabo, no es un tío raro, de que estás en el mundo", comenta. "Y eso a veces cambia por completo la imagen que esas personas tienen de la Iglesia en su conjunto".

Probablemente esa cercanía al mundo real se la da el hecho de haber ingresado tarde en el Seminario. "Entré con 26 años, después de haber hecho ya la mili y de haber montado una empresa", explica. "Mientras hacía el servicio militar me llamó la atención un sacerdote, por su forma de decir las cosas y de ver la vida, pero aún pasaron dos años hasta que decidí entrar en el Seminario. Estuve dos años más trabajando hasta que en 1999 decidí entrar y en 2005 me ordené sacerdote. El proceso de la vocación es algo largo, no es cosa de un día", argumenta. En ese proceso pudo concluir sus estudios de Informática, montar una empresa con una chica, hacer el servicio militar y reflotar después, junto con otras cuatro personas, una empresa de mensajería con bicicletas que todavía perdura. "Yo he andado muchísimo en bicicleta. De hecho el primer recuerdo que tengo de un juego infantil es haber aprendido a andar en bici", explica Jairo, que también es el responsable de la parroquia San Esteban de Berriozar.

El deporte como vehículo

Su relación con el deporte es abundante, aunque huye de los deportes mayoritarios. "No me gusta mucho el fútbol, la verdad. De pequeño era muy malo", bromea. En los últimos tiempos el deporte se ha convertido en una parte muy importante de la sociedad, en una cuna de ídolos y referentes para millones de jóvenes. "El deporte me parece una cosa buenísima, sana para el cuerpo y para mantener a uno en esa sana tensión por cuidarse. Algunos deportes ayudan mucho a la formación de la voluntad y la personalidad. El ciclismo, por ejemplo, fortalece mucho la capacidad de sufrimiento. De todas formas, de ahí a lo que muchas veces vemos, convertir a los deportistas en semidioses, hay un trecho. En ese sentido hoy en día ese mundillo que hay alrededor de muchos deportistas no lo veo del todo sano", reconoce. "Es verdad de todas formas que entre muchos deportistas hay un sentimiento religioso. Ves futbolistas que se santiguan o que dan gracias a Dios después de los partidos... Son detalles, anecdóticos si se quiere, pero que tienen su importancia".

Para Jairo, la religión no sólo tiene que estar en las aulas o en la capilla, sino que el deporte puede ser también un buen vehículo. "Nosotros no podemos competir con la capacidad que tiene por ejemplo el deporte para transmitir un mensaje. Tenemos un mensaje buenísimo, pero no tenemos a la televisión. Tenemos que aprender muchas cosas, hacer un lenguaje comprensible para la juventud y crear algo nuevo. El mensaje es el mismo, el del Evangelio, pero hay que hacer un trabajo de renovación de lenguaje, de la forma de trasmitir y utilizar cosas que se han dejado un poco de lado, por ejemplo el deporte. En mi parroquia de Berriozar, que tiene ciertas dificultades de integración, una de las cosas que más ha unido a los chavales es un campeonato de fútbol que hemos hecho. La evangelización del tiempo libre es una tarea pendiente en la Iglesia", afirma el capellán de San Cernin.

Hombres de una sola pieza

En el colegio este joven sacerdote con muchas ganas de cambiar las cosas y con facilidad para comunicar ha tenido su primer contacto con un "público" exclusivamente joven. De momento no ha encontrado muchas dificultades. "En el colegio me he encontrado con una acogida muy calurosa y con un trato muy cercano con los chavales. Quizá por mi juventud siempre encuentras más fácil puntos de conexión que si tienes 70 años. Con los adolescentes me ha resultado sencillo porque enseguida puedes hablar con ellos con el tema de los coches o lo que sea. Hay también dificultades porque están en una edad complicada y el mundo en el que vivimos es complejo. Hay mucho materialismo e individualismo y se tienen en cuenta mucho los resultados. Esas cosas hay que ir trabajándolas para hacer de estos chavales hombres de una sola pieza. Eso sí, siempre proponiendo, porque aquí hay chavales de todas las creencias y no imponemos nada", asegura.

Los tiempos han cambiado, pero Jairo todavía se reconoce en las caras de los alumnos que visitan la capilla. "Es verdad que ahora hay una concepción muy distinta de la autoridad, del esfuerzo y de la misma Fe. Es distinta la autoridad de los padres los profesores o incluso del sacerdote, pero en el fondo no me veo tan distinto a ellos cuando yo tenía su edad", explica.

A pesar de todo, Jairo es consciente que, al igual que en el deporte, cambiar las cosas requiere tiempo. "En el mundo del deporte hay que entrenar y esforzarse para luego poder disfrutar. Aquí es igual. Y está claro que esto no es una labor de un día, sino de años, de ir trabajando poco a poco. Y si algún día conseguimos que algún chaval se acuerde de algún consejo que le pudimos dar en su día los profesores o el capellán y eso cambia su vida de alguna forma, bienvenido sea".

 

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